Se puede decir que al terminar un año, acaba una etapa. Pero, ¿qué significa esto exactamente? A lo largo de la vida pasamos por numerosos procesos de evolución y cambio que tienen momentos claves de transición. Muchos de ellos marcados por convenciones sociales, y no tanto por el cambio personal.

Cada año que comienza se nos plantea como una oportunidad para cambiar algo de nosotros mismos o de nuestras vidas, “voy a dejar de fumar”, “voy a llamar más a esa persona”, “voy a ser más cariñoso”, “voy a aprender inglés”, etc. Cada nuevo año hay propósitos y deseos de cambio. Parece que los nuevos ciclos, la cuenta a cero del calendario, nos invitan a reflexionar sobre el punto en el que nos encontramos en relación con nuestros objetivos, y en consecuencia, a valorar que nuevos retos o actividades queremos conseguir o retomar.

La pregunta es, ¿por qué esperar al nuevo año? Cada nuevo día, cada momento, es una oportunidad perfecta para mirar a nuestro alrededor, para mirarnos a nosotros mismos, y reconocer qué es lo que necesitamos destruir o reconstruir en nuestras vidas. La posibilidad de cambio se encuentra en el presente, en el momento presente. Y tal vez, esto es lo que nos ofrece el nuevo año, la posibilidad de paranos y contemplar lo que deseamos o necesitamos cambiar.

Mirar hacia atrás, mirar al presente, y mirar al futuro, es algo a lo que sin duda nos invita el cambio de año. Pero la mirada al presente y al futuro próximo, es algo que podemos, y tal vez, necesitemos, hacer cada día. Porque son, en estos dos momentos, donde podemos decidir y cambiar.