En ocasiones, experimentamos nuestras emociones y sentimientos como ajenos a nosotros mismos. De alguna manera los rechazamos y no los asumimos como propios, los vivimos como si fueran impuestos desde fuera. Percibimos nuestra experiencia lejos de nosotros mismos, nos sentimos extraños ante algunas sensaciones y emociones propias.

El modo que tenemos de percibirnos, de experimentarnos, marcará parte de cómo vamos a movilizarnos y actuar en los diferentes ámbitos y aspectos de la vida. Sentir nuetras emociones y sentimientos como propios, sean estos agradables o desagradables en la experiencia, dará espacio a lo que siento, y por lo tanto me dará espacio a mi mismo en lo que siento y experimento.

Sentir, que sea lo que sienta, forma parte de mi y por lo tanto se expresa, me da la oportunidad de acercarme a mi mismo en toda mi experiencia. Me permite ser mi propio apoyo y acompañarme en lo que estoy experimentando.

Cuando vivimos nuestras emociones como ajenas a nosotros mismos, como si no nos pertenecieran. Cuando me siento absorbido por mis sentimientos como si éstos fueran los que me gobiernan, nuestra vida parece movida por los acontecimientos, más que por nuestras propias elecciones. Y como consecuencia nos podemos sentir perdidos y desesperados ante la experiencia.

Los sentimientos agradables como la alegría, la tranquilidad o la confianza, nos son fáciles de asumir y aceptar como propios. Son sentimientos deseables por todos, incluso, a veces, son los únicos tolerables. Pero sin duda, no son los únicos sentimientos que experimentamos. El miedo, la soledad, la tristeza, o la inseguridad, forman parte también de nuestra experiencia. No obstante, a estos sentimientos solemos rechazarlos y evitarlos. Nos cuesta entrar en contacto con ellos y aceptarlos como parte de nuestra experiencia de vivir.

Tanto los sentimientos agradables como desagradables, tienen una función dentro de nuestras vidas, por lo que tenerlos en cuenta y admitirlos como parte de nuestra experiencia nos permite sentirnos de forma completa, entendernos y sostenernos. Ampliar nuestro espacio emocional a todo aquello que sintamos, nos permite existir sin condiciones en todo aquello que nos acontezca.

Cuando admito que dentro de mi convive la alegría y la tristeza, la seguridad y el miedo, la tranquilidad y el desasosiego, cuando admito de que dentro de mi existe la polaridad, me experimento completo.