Desde diferentes foros recibimos el mensaje de lo felices que nos tenemos que sentir en Navidad, de lo maravilloso de encontrarse con los seres queridos y de la importancia de entregar el afecto a través de los regalos en estas fechas.

Esta supuesta felicidad que tenemos que sentir en las navidades se convierte para muchos en un elemento de presión e incluso de autocuestionamiento, puesto que en realidad, fuera de la televisión y de la publicidad, no nos sentimos más felices por ser Navidad.

La vivencia de muchas personas más que de felicidad e ilusión, es de hastío y cansancio con tener que combinar el trabajo, la familia, los preparativos de las fiestas y el gasto económico. Incluso, en ocasiones, más que la reunión familiar, lo que se experimenta es la ausencia familiar. Y ante esto, lo que hay es un fondo de tristeza porque, &te echo de menos&.  

No obstante, también hay personas que asumiendo la marea social se dejan llevar por la corriente y aprovechan la escusa navideña para reunirse, no para ser más felices, si no para estar juntos, para recordar a los que no están y echarles de menos juntos. Para ver la ilusión de los niños ante un paquete envuelto, y ante la fantasía de unos hombres que entran en casa en plena noche a dejar regalos.

La Navidad, cómo vivirla, puede convertirse en una elección si conozco como me siento y asumo esta realidad para decidir qué hacer con ella.